Los ciclos de conferencias “Grandes Maestros Venezolanos” se han convertido en encuentros que representan un espacio vivo, donde el legado de estas grandes figuras cobran vida y sus ideas, valores y enseñanzas dialogan con nuestra historia actual y se proyectan hacia el futuro.
Cada edición busca rescatar voces que marcaron la cultura y la educación, ofreciendo a estudiantes y docentes la oportunidad de reflexionar sobre personalidades que siguen inspirando. En esta ocasión, el ciclo “Grandes Maestros Venezolanos” se dedicó a Juan Vicente González, Rómulo Gallegos y Mario Briceño Iragorry, maestros cuya vida y obra son referentes de la educación venezolana.
Juan Vicente González, un maestro que creía que la república se forja desde las aulas


El primer encuentro rindió homenaje a Juan Vicente González, una figura fundamental en la historia de Venezuela, cuyo legado como maestro, periodista y moralista sigue resonando en la actualidad. La Dra. Migdalia Lezama, destacada académica con más de 30 años de experiencia, fue la encargada de presentar la conferencia principal, ofreciendo una visión profunda de la vida y obra de este venezolano que creyó firmemente en el poder de la educación para salvar la República.
“Nuestro Juan Vicente amó la educación (…) no solo en el aula de clase, porque para él la educación estaba en todos los ámbitos”, afirmó Lezama.
Lezama ofreció un recorrido por la vida de Juan Vicente González, quien nació en Caracas en 1810, en un contexto de inestabilidad y guerra por la independencia. Explicó que su infancia estuvo marcada por la ausencia de sus padres, siendo criado por Juan Francisco González, quien le dio su apellido y el amor de una familia. Desde temprana edad desarrolló su amor por las letras y la convicción de que la virtud y la moral, arraigadas en la religión cristiana, eran esenciales para la ciudadanía.
Juan Vicente González defendía la educación como herramienta para ilustrar a las masas, desvirtuar la demagogia y redimir a la sociedad de influencias perniciosas.”Él pensaba que esa presencia de un pueblo, sin letras, como lo llegó a pensar Bolívar, era un peligro para la república”, explicó Lezama. La ponente agregó que González creía que una nación sin maestros era como una casa sin cimientos, y que el estudio era el verdadero campo de batalla para la libertad.

Juan Vicente González no solo fue un educador, sino también un periodista. Tras ser expulsado de la universidad, González fundó el colegio «El Salvador del Mundo», donde continuó su labor educativa.
La vida de Juan Vicente González es un testimonio de libertad, virtud y coraje. Su legado nos recuerda la importancia de la educación como pilar fundamental de la sociedad. “(…) Su amor y su vocación estaba en hacer educación a través de la letra, hacer educación a través de la denuncia”, expresó Lezama.
Rómulo Gallegos, maestro, escritor y político con un legado educativo duradero

Rómulo Gallegos no solo fue un renombrado literato, sino también un influyente educador y político. Leonardo Carvajal Santana, profesor y doctor en filosofía y ciencias de la educación ofreció una conferencia a través de la vida y obra de este reconocido escritor y maestro venezolano.
Carvajal abordó a Gallegos como literato, hombre de cine y educador. El inicio de la carrera literaria de Gallegos estuvo acompañada de cuentos y novelas, que exploraban temas de la Venezuela de su época. Su obra cumbre, «Doña Bárbara», de acuerdo con Carvajal, fue reescrita varias veces debido a su perfeccionismo.

A través de sus novelas, Gallegos buscaba retribuir a la realidad algo edificante utilizando la literatura como una herramienta pedagógica para exorcizar la barbarie y promover la civilización, ”(…) siempre tuvo eso, era un apóstol, en este caso de la palabra, de la creación literaria, pero siempre pensando en dejar mensajes. Bueno, doña Bárbara no puede ser más clara”, explica Carvajal.
Consciente del poder de los nuevos medios, Gallegos incursionó en el cine. Aunque su intento de producir películas en Venezuela no tuvo éxito financiero, logró que sus novelas fueran adaptadas al cine mexicano, alcanzando a miles de espectadores y ampliando el alcance de sus mensajes.

Gallegos fue un maestro dedicado que enfatizó la formación del carácter y los valores, más allá de la mera transmisión de contenidos. Como director del Liceo Caracas (posteriormente Liceo Andrés Bello), implementó una pedagogía experiencial. “La predicación de lo ideal, de lo valorativo, eso es muy fácil, pero eso no cala tanto con buenas pedagogías experienciales”, dijo Carvajal al hablar sobre la manera de enseñar de Gallegos. ç
Mario Briceño Iragorry, un maestro de la venezolanidad

El último encuentro se dedicó a Mario Briceño Iragorry, historiador, diplomático y escritor que entendió la educación como una misión cívica y espiritual. Su pensamiento se centró en la necesidad de formar ciudadanos conscientes de su historia y comprometidos con la nación.
“Iragorry no entendió la pedagogía simplemente como el acto de impartir instrucción académica en un aula, sino como una misión cívica y espiritual destinada a formar a ciudadanos”, afirmó Valmore Muñoz Arteaga, licenciado en educación y profesor de la Universidad Católica Cecilio Acosta.
De acuerdo con Muñoz, para Briceño Iragorry la historia no debía ser una sucesión de fechas muertas, sino una herramienta pedagógica viva que conectara al estudiante con su realidad.
“Su concepto de historia viva se oponía a la enseñanza memorística que desconectaba al estudiante de su realidad. Él sostenía que un pueblo que ignora su pasado no es libre ni puede serlo, sino que es esclavo de la improvisación y presa fácil de la dominación cultural”, afirmó Muñoz.
Para Valmore Muñoz Arteaga, el legado de Mario Briceño Iragorry recuerda que la educación no es solo instrucción académica, sino un acto de ciudadanía y esperanza. Su voz sigue siendo brújula para quienes creen que el futuro de Venezuela se construye desde la conciencia histórica y el compromiso ético.