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El empresario y la universidad como productores de libertad y agentes de cambio

Nov 25, 2025

En tiempos de incertidumbre y complejidad global, hablar del empresario no es solo hablar de números, utilidades o mercados. Es hablar de personas que se atreven a emprender, que se convierten en líderes capaces de transformar realidades y abrir caminos hacia la libertad.El profesor Alberto Vargas,  filósofo y académico internacional, director del Inner Institute de México y el Leonardo Polo Institute of Philosophy en Estados Unidos, visitó la Universidad Monteávila para ofrecer dos conversatorios y, especialmente, ser el encargado de explicar sus reflexiones sobre el verdadero sentido de ser empresario en la Lección Inaugural de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas.

El Dr. Alberto Vargas propone una visión humanista y sistémica del empresario como líder que ordena el mundo, crea tiempo nuevo e impulsa la libertad mediante innovación, cooperación y donación. En La Lección Inaugural inició su discurso hablando sobre las actitudes no empresariales que las clasifica como el fanatismo, el cinismo y la tibieza.

El empresario fanático lo describe como “un optimista iluso que sacrifica la objetividad por la fidelidad absoluta a su ideal o su método, incluso si la evidencia indica que es perjudicial: vive, por tanto, una especie de cerrazón estratégica a modo de evasión eufórica”. En segundo lugar se encuentra el cínico que, de acuerdo con Vargas, “piensa que los problemas se resuelven solos, sin su propia intervención ni la de los demás. El cínico no niega el peligro, pero se ríe de él. Se trata de un directivo que se queda inmóvil, sin la fortaleza para afrontar lo que le toca como directivo. Es un directivo que no avanza, pero que tampoco deja avanzar”.

Por último está el empresario que posee tibieza,  que cuenta con “la actitud propia del utópico, del que ha perdido la capacidad de intervenir y, por tanto, se incorpora por completo al establishment alimentándolo. Para el empresario tibio el crecimiento es imposible y, por tanto, su gran aspiración es la sobrevivencia. Se trata de una corrupción ideológica que reafirma su incapacidad de cambiar la serie temporal de la organización”.

Estas actitudes terminan por apagar la esperanza y la capacidad de cambio que caracterizan al verdadero espíritu empresarial, pero ¿qué es el empresario? De acuerdo con Vargas un empresario es “ el que acomete, quien sale a la cacería y, por tanto, asume los riesgos del proyecto o la obra que se le presenta. Es pues el que trabaja, pero el que trabaja acometiendo riesgos. Si hay riesgos, entonces el resultado no está garantizado y el final se desconoce. El empresario acepta no conocer cómo terminará resolviéndose finalmente el problema. De ahí que el empresario sea un visionario”, explicó.Más que producir bienes, el empresario ordena, organiza y libera. Su tarea no se limita a ejecutar procesos, sino a dirigir inteligentemente, a formar equipos y a generar innovación. En este sentido, Vargas afirmó que el empresario es, sobre todo, “un productor de libertad”. Amplía la capacidad de acción de sus colaboradores y fomenta un espacio donde la creatividad florece.

La empresa no es solo un sistema de producción; es un espacio de cooperación y crecimiento. Por eso, Vargas insiste en que el empresario debe ser un humanista, capaz de integrar diversidad, ordenar el tiempo y el espacio, y promover el progreso.“La empresa consigue humanizarse en la medida en que tenga como centro el bien común. El experto en este sentido para descubrir el bien común de la empresa es el directivo” afirmó Vargas.

 El verdadero indicador de una buena dirección no son únicamente las utilidades, sino la innovación. Alcanzar resultados superiores a los previstos gracias a la inteligencia y libertad de quienes participan en la empresa.

Ser empresario es crecer constantemente, no detenerse. Es comprender que la libertad no se reduce a elegir, sino a donar, aportar y transformar. En palabras de Vargas, el empresario que fomenta la libertad entiende al hombre como un ser capaz de dar y multiplicar su aportación en la sociedad.“El empresario es productor de libertad en la medida en que no manda unilateralmente y está dispuesto a corregir su orden”, afirma.

¿Es posible una metateoría de juegos en la economía y las relaciones interpersonales?

En continuidad con la Lección Inaugural sobre “El empresario como productor de libertad y agente de cambio social”, el Dr. Alberto Vargas desarrolló un conversatorio en torno a la metateoría del juego, donde se exploraron las dinámicas humanas desde una perspectiva filosófica y antropológica.El punto de partida fue la célebre escena de Una mente brillante sobre la “rubia de Nash”, utilizada como recurso narrativo para explicar cómo las relaciones interpersonales pueden orientarse hacia máximos excluyentes o hacia mínimos compartidos. La reflexión se trasladó al ámbito social: ¿Qué ocurre cuando renunciamos a los máximos y buscamos la cooperación?

El conversatorio subrayó que la sociedad no puede reducirse a cálculos de supervivencia o equilibrio de intereses. El verdadero sentido del juego social está en mantenerlo abierto, crecer juntos y ampliar la libertad.

La universidad como factor de crecimiento

En el tercer encuentro con el Dr. Alberto Vargas, la reflexión giró en torno a la universidad como agente de cambio social y cultural. En sus palabras, la universidad no es solo un espacio de formación académica, sino una institución que detiene el tiempo para pensar, genera conocimiento nuevo y transforma a quienes pasan por ella.

El Dr. Vargas subrayó que “los universitarios no son los alumnos. Los universitarios somos los profesores”, quienes establecen el orden del pensamiento y transmiten una forma de ser que permanece más allá de los años de estudio. La universidad, dijo, “es una vocación, es un modo de vivir”.

La universidad, señaló Vargas, es un espacio donde se piensa libremente, donde se cuestiona y se generan nuevas ideas. La universidad se convierte en productora de libertad, porque su principal fruto son los librepensadores capaces de transformar la sociedad.

Luego de dos días de formación, tanto para profesores como alumnos, el Dr. Alberto Vargas  agradeció la invitación y expresó su deseo de volver a visitar la universidad. 

“Yo me siento entrañablemente agradecido con la universidad. Por la confianza de permitirme hablar en un espacio relevante, donde se espera ser escuchado tanto por alumnos como por profesores y autoridades académicas, pero sobre todo me siento honrado entrañablemente porque la acogida de los miembros de la universidad, tanto de alumnos como de profesores, ha sido muy exquisita, muy cuidada y clara. Me encantaría que me vuelvan a invitar porque la he pasado muy bien, hemos tenido conversaciones fantásticas, eh, objeciones, preguntas, comentarios y lo que detecto en la universidad, pues es una universidad viva”, explicó Vargas.